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jueves, 18 de septiembre de 2008

Qué es Occidente

Todo el mundo ha escuchado alguna vez hablar acerca del “choque de civilizaciones”.

Este concepto de Samuel Huntington se ha vuelto universal.

En los años 50, el economista francés Alfred Sauvy tuvo un éxito comparable con la expresión “tercer mundo”.

Una de las razones de que estas frases lograran una amplia aceptación es su falta de una definición clara.

El “choque de civilizaciones”, básicamente Occidente contra el resto, supuestamente describe el mundo tal como es. En realidad, el Occidente es lo suficientemente vago como para incluir una gran variedad de áreas sin describir sus características unificadoras.

Entonces, ¿qué es exactamente el Occidente? ¿Qué significa la “occidentalización”? ¿Por qué Japón se considera occidental y no China? ¿Dónde se ubica Shanghai, en este contexto? ¿Es Rusia parte de Occidente?

A partir de estas incertidumbres podemos concluir que el Occidente no es una entidad geográfica. Probablemente se estableció como marco mental cuando los griegos, hace 25 siglos, se percibieron como occidentales frente a los persas orientales.

Puesto que Occidente no ha perdido base territorial desde entonces, la frase “el Occidente” se ha convertido en una noción universal en lugar de local. Ser occidentales o estar occidentalizados es, por sobre todo, un marco mental que no coincide con ningún continente ni ninguna nación o religión específicas.

Parece ser que el error de Huntington fue confinar a Occidente dentro de fronteras nacionales: no hay un mapa de Occidente.

Ningún mapa puede funcionar cuando algunas naciones asiáticas son occidentales (Japón, Taiwan), cuando grupos no occidentales (los musulmanes de Europa) habitan en países supuestamente occidentales, cuando algunos países orientales se encuentran parcialmente occidentalizados y algunos países occidentales (Rusia) no están occidentalizados del todo.

Finalmente, resulta más fácil definir las fronteras mentales de Occidente, más que sus fronteras territoriales.

Creo que el Occidente es una mentalidad definida por tres características fundamentales que no se pueden encontrar con facilidad en las así llamadas civilizaciones orientales: pasión por la innovación, capacidad de autocrítica e igualdad de género.

“¿Qué hay de nuevo?” es un saludo personal desde la época helenística que refleja la esencia de la mente occidental.

Por el contrario, un no occidental pondría la tradición por sobre la innovación.

Sin embargo, la innovación como valor fundamental explica los avances científicos de Occidente frente al Oriente. Explica los conflictos inevitables con las conservadoras sociedades no occidentales, además de explicar lo que deberíamos llamar la “occidentalización de Occidente”.

Occidente tiene tendencia a destruir sus propias tradiciones, incluidas sus religiones.

El economista Joseph Schumpeter definió este proceso como una “destrucción creativa”.

El término se puede aplicar a todos los aspectos de la vida en Occidente.

Los conservadores occidentales no tiene menor tendencia a la destrucción creativa que los liberales occidentales: de hecho, los conservadores son bien conocidos por inventar tradiciones.

Piénsese, por ejemplo, en el Primer Ministro británico Benjamín Disraeli, que inventó la mayor parte de las supuestamente viejas tradiciones que existen alrededor de la monarquía británica.

La innovación en Occidente parece ser un proceso interminable y autotransformador.

Incluso más que la innovación, la autocrítica es una característica definitoria de Occidente.

En la mayoría, si no todas, las civilizaciones no occidentales, el orgullo y el amor propio excluyen la autocrítica o al menos la crítica de la civilización propia.

Un verdadero académico o estudioso chino o musulmán no se puede definir como verdaderamente chino o musulmán por ser crítico de su propio mundo. No es tan así en Occidente.

El académico occidental sigue disfrutando de una perfecta legitimidad si rechaza a muerte los valores occidentales: no hay ningún Nietzsche chino o musulmán que diga que su propio Dios ha muerto.

¿Existe un Montaigne chino o musulmán dispuesto a escribir que los “salvajes” pueden ser más sabios que nosotros, como hizo Montaigne en la Francia del siglo XVI? Por supuesto, debe de haber algún Montaigne o Nietzsche chino o musulmán, pero no se considerarían faros de sus civilizaciones.

La autocrítica, no el amor propio, y el relativismo cultural son los bloques fundamentales de la mentalidad occidental.

Lo mismo ocurre con la igualdad de género. No siempre ha sido así: en las antiguas religiones griega, judía y cristiana las mujeres eran percibidas como inferiores a los hombres.

Sin embargo, por décadas esta noción ha generado pugnas y polémicas en Occidente. Hoy en día, la igualdad de género se ha convertido en la norma, lo que no ocurre en la mayoría de las civilizaciones no occidentales.

Algunos podrían argumentar que la igualdad de género es consecuencia del proceso de modernización, no de la occidentalización.

Esto puede ser cierto, pero claramente el estatus de la mujer es un tema que hace que los musulmanes no occidentales se opongan a Occidente.

Si aceptamos la definición anterior del Occidente como una mentalidad, se abren tres importantes interrogantes: ¿Se puede modernizar el Oriente sin occidentalizarlo? ¿Dónde trazamos la línea entre Oriente y Occidente? ¿Seguirá siendo occidental el Occidente?


Hasta hoy, no hay ningún caso en la historia de una modernización no occidental; el discurso sobre los valores asiáticos, iniciado en Singapur, es básicamente un discurso político. Sólo después de adaptar sus mentalidades hacia la innovación y la autocrítica los países asiáticos han podido modernizarse.

Esto no los hace menos asiáticos. Los coreanos o japoneses contemporáneos siguen siéndolo completamente, pero son más cercanos a un occidental que sus ancestros.

De manera similar, un egipcio o un saudita moderno estará más a la par con un francés o un estadounidense que con un árabe antiguo.

¿Hace esta occidentalización que el egipcio o el saudita sean menos auténticamente árabes?

Este debate se da en todas las sociedades orientales, lo que nos lleva al verdadero choque de civilizaciones: todas las sociedades de la actualidad se encuentran fragmentadas entre partidarios y detractores de la occidentalización.

Este choque al interior de las civilizaciones acerca de lo que significa la modernización es más significativo que el supuesto conflicto de Huntington entre entidades geográficas.

La controversia acerca del significado esencial de la modernización, también conocida como una crisis de identidad, tiene efectos en los países occidentales también.

Vastos grupos que habitan en Occidente, fundamentalistas occidentales y no occidentales, combaten el interminable proceso de occidentalización en nombre de la tradición. Muchos desearían detener el motor mediante pretextos como la ecología o la identidad, pero una sociedad occidental donde no se pueda comenzar el día preguntando “¿Qué hay de nuevo” dejaría de ser occidental.


Guy Sorman, filósofo y economista francés, es autor de Empire of Lies.Copyright: Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2008.

domingo, 11 de mayo de 2008

Extraordinario artículo de Guy Sorman





¿Qué es el Occidente?
Por Guy Sorman

END - 19:04 - 03/05/2008

PARÍS

Todo el mundo ha escuchado alguna vez hablar acerca del “choque de civilizaciones”. Este concepto de Samuel Huntington se ha vuelto universal. En los años 50, el economista francés Alfred Sauvy tuvo un éxito comparable con la expresión “tercer mundo”. Una de las razones de que estas frases lograran una amplia aceptación es su falta de una definición clara. El “choque de civilizaciones”, básicamente Occidente contra el resto, supuestamente describe el mundo tal como es. En realidad, el Occidente es lo suficientemente vago como para incluir una gran variedad de áreas sin describir sus características unificadoras.

Entonces, ¿qué es exactamente el Occidente? ¿Qué significa la “occidentalización”? ¿Por qué Japón se considera occidental y no China? ¿Dónde se ubica Shanghai, en este contexto? ¿Es Rusia parte de Occidente?

A partir de estas incertidumbres podemos concluir que el Occidente no es una entidad geográfica. Probablemente se estableció como marco mental cuando los griegos, hace 25 siglos, se percibieron como occidentales frente a los persas orientales. Puesto que Occidente no ha perdido base territorial desde entonces, la frase “el Occidente” se ha convertido en una noción universal en lugar de local.

Ser occidentales o estar occidentalizados es, por sobre todo, un marco mental que no coincide con ningún continente ni ninguna nación o religión específicas. Parece ser que el error de Huntington fue confinar a Occidente dentro de fronteras nacionales: no hay un mapa de Occidente.

Ningún mapa puede funcionar cuando algunas naciones asiáticas son occidentales (Japón, Taiwan), cuando grupos no occidentales (los musulmanes de Europa) habitan en países supuestamente occidentales, cuando algunos países orientales se encuentran parcialmente occidentalizados y algunos países occidentales (Rusia) no están occidentalizados del todo. Finalmente, resulta más fácil definir las fronteras mentales de Occidente, más que sus fronteras territoriales.



Creo que el Occidente es una mentalidad definida por tres características fundamentales que no se pueden encontrar con facilidad en las así llamadas civilizaciones orientales: pasión por la innovación, capacidad de autocrítica e igualdad de género.


“¿Qué hay de nuevo?” es un saludo personal desde la época helenística que refleja la esencia de la mente occidental. Por el contrario, un no occidental pondría la tradición por sobre la innovación.



Sin embargo, la innovación como valor fundamental explica los avances científicos de Occidente frente al Oriente. Explica los conflictos inevitables con las conservadoras sociedades no occidentales, además de explicar lo que deberíamos llamar la “occidentalización de Occidente”.


Occidente tiene tendencia a destruir sus propias tradiciones, incluidas sus religiones.

El economista Joseph Schumpeter definió este proceso como una “destrucción creativa”. El término se puede aplicar a todos los aspectos de la vida en Occidente.

Los conservadores occidentales no tiene menor tendencia a la destrucción creativa que los liberales occidentales: de hecho, los conservadores son bien conocidos por inventar tradiciones. Piénsese, por ejemplo, en el Primer Ministro británico Benjamín Disraeli, que inventó la mayor parte de las supuestamente viejas tradiciones que existen alrededor de la monarquía británica. La innovación en Occidente parece ser un proceso interminable y autotransformador.

Incluso más que la innovación, la autocrítica es una característica definitoria de Occidente. En la mayoría, si no todas, las civilizaciones no occidentales, el orgullo y el amor propio excluyen la autocrítica o al menos la crítica de la civilización propia. Un verdadero académico o estudioso chino o musulmán no se puede definir como verdaderamente chino o musulmán por ser crítico de su propio mundo. No es tan así en Occidente.



El académico occidental sigue disfrutando de una perfecta legitimidad si rechaza a muerte los valores occidentales: no hay ningún Nietzsche chino o musulmán que diga que su propio Dios ha muerto. ¿Existe un Montaigne chino o musulmán dispuesto a escribir que los “salvajes” pueden ser más sabios que nosotros, como hizo Montaigne en la Francia del siglo XVI?

Por supuesto, debe de haber algún Montaigne o Nietzsche chino o musulmán, pero no se considerarían faros de sus civilizaciones. La autocrítica, no el amor propio, y el relativismo cultural son los bloques fundamentales de la mentalidad occidental.

Lo mismo ocurre con la igualdad de género. No siempre ha sido así: en las antiguas religiones griega, judía y cristiana las mujeres eran percibidas como inferiores a los hombres. Sin embargo, por décadas esta noción ha generado pugnas y polémicas en Occidente. Hoy en día, la igualdad de género se ha convertido en la norma, lo que no ocurre en la mayoría de las civilizaciones no occidentales. Algunos podrían argumentar que la igualdad de género es consecuencia del proceso de modernización, no de la occidentalización. Esto puede ser cierto, pero claramente el estatus de la mujer es un tema que hace que los musulmanes no occidentales se opongan a Occidente.

Si aceptamos la definición anterior del Occidente como una mentalidad, se abren tres importantes interrogantes: ¿Se puede modernizar el Oriente sin occidentalizarlo? ¿Dónde trazamos la línea entre Oriente y Occidente? ¿Seguirá siendo occidental el Occidente?



Hasta hoy, no hay ningún caso en la historia de una modernización no occidental; el discurso sobre los valores asiáticos, iniciado en Singapur, es básicamente un discurso político. Sólo después de adaptar sus mentalidades hacia la innovación y la autocrítica los países asiáticos han podido modernizarse.


Esto no los hace menos asiáticos. Los coreanos o japoneses contemporáneos siguen siéndolo completamente, pero son más cercanos a un occidentales que sus ancestros. De manera similar, un egipcio o un saudita moderno estará más a la par con un francés o un estadounidense que con un árabe antiguo.

¿Hace esta occidentalización que el egipcio o el saudita sean menos auténticamente árabes? Este debate se da en todas las sociedades orientales, lo que nos lleva al verdadero choque de civilizaciones: todas las sociedades de la actualidad se encuentran fragmentadas entre partidarios y detractores de la occidentalización. Este choque al interior de las civilizaciones acerca de lo que significa la modernización es más significativo que el supuesto conflicto de Huntington entre entidades geográficas.

La controversia acerca del significado esencial de la modernización, también conocida como una crisis de identidad, tiene efectos en los países occidentales también. Vastos grupos que habitan en Occidente, fundamentalistas occidentales y no occidentales, combaten el interminable proceso de occidentalización en nombre de la tradición. Muchos desearían detener el motor mediante pretextos como la ecología o la identidad, pero una sociedad occidental donde no se pueda comenzar el día preguntando “¿Qué hay de nuevo” dejaría de ser occidental.




Guy Sorman, filósofo y economista francés, es autor de Empire of Lies.



Copyright: Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2008.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Shimon Peres, sobre la innovación y el futuro del mundo.

Imperdible !!!









http://corpvideofs.adpcorp.com/video/jw/peres_400kb.wmv
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Gracias a Tomasito por este video que verán también mis alumnos.

sábado, 10 de noviembre de 2007

A vibrar mi amor....

La forma más extraña de adelgazar













Ratones sometidos a pequeñas vibraciones perdieron grasa corporal y ganaron masa ósea

Sábado 10 de noviembre de 2007

NUEVA YORK (The New York Times). – Clinton T. Rubin sabe muy bien que los resultados que obtuvo son sorprendentes, que nadie ha estado tan desconcertado como él. Y advierte que es demasiado pronto para sacar conclusiones respecto a los humanos. Pero, se pregunta, ¿qué pasa si….?

El doctor. Rubin, director del Centro de Biotecnología de la Universidad Estatal de Nueva York, Estados Unidos, ha hallado que, en los ratones, un simple tratamiento que no aplica drogas parece hacer que sus células se conviertan en hueso en lugar de grasa.

Todo lo que él hace es poner a los ratones en una plataforma que vibra con una frecuencia tan baja que algunas personas no lo pueden sentir. Los ratones permanecen allí durante 15 minutos por día, cinco días a la semana. Luego, tienen 27% menos grasa que los ratones que no pasan por la plataforma y, además, adquieren más densidad ósea.

Historia de un hallazgo

La historia del hallazgo, que fue publicada online y apareció en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, comenzó en 1981 cuando Rubin y sus colegas empezaron a preguntarse por qué había pérdida de hueso al envejecer y con la inactividad. Se sabe que los huesos "o los usas o los pierdes –afirmó el Rubin–. Los astronautas pierden 2% de la masa ósea por mes. La gente un 2% por década luego de los 35 años de edad. Luego, si se observa el otro lado de la ecuación, los profesionales del tenis tienen 35% más en el brazo con el que juegan. ¿Qué pasa con las transmisiones mecánicas que hacen que el brazo de Roger Federer sea tan grande?"

Al principio, él reconoció que el efecto del ejercicio provenía del fuerte impacto, el golpeteo de los huesos de la pierna cuando los pies del corredor golpean la tierra o el golpe que reciben los huesos cuando el jugador golpea la pelota con el brazo. Pero Rubin estudió ingeniería biomecánica y eso lo llevó a considerar otras posibilidades. Transmisiones de fuerza muy grandes en realidad pueden ser contraproducentes, dijo. Y agregó: "Si grito al hablar por teléfono, no se me escucha mejor. Si enciendo una luz muy brillante delante de sus ojos, usted no ve mejor"

A través de los años, él y sus colegas, descubrieron que las transmisiones de alto impacto, como las producidas por el pie contra el pavimento, no eran las que afectaban predominantemente al hueso. En cambio, el mismo responde a transmisiones que eran de alta frecuencia pero de bajo impacto, más parecidas a un zumbido que a un golpe.

Esto tiene sentido, continuó, porque los músculos tiemblan cuando se contraen y ese temblor es la transmisión que predomina sobre los huesos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando la gente se queda quieta y sus músculos se contraen para mantenerla derecha. Cuando las personas envejecen, pierden muchos de esos músculos posturales, lo que las hace menos capaces de mantener el equilibrio, más aptos para la caída y quizás, propensos a la pérdida de masa ósea.

"El hueso es bombardeado por pequeñas transmisiones provenientes de las contracciones musculares", afirmó Rubin. El descubrió que, al menos en los ratones, ovejas y pavos, pararse sobre una plancha vibradora plana, producía aumento de la masa ósea. Algunos estudios en humanos, niños con parálisis cerebral que no se podían mover demasiado por sí mismos, y mujeres jóvenes con baja densidad ósea, indicarían que las vibraciones podrían también ayudar a aumentar la masa ósea en humanos.

A vibrar

El doctor Rubin y sus colegas sacaron una patente y formaron una compañía para fabricar las placas vibradoras. Pero tanto él como otros advirtieron que no se sabe si pararse sobre ellas fortalece los huesos de los humanos. Aún cuando se supiera, nadie sabe la dosis correcta. Es posible que aún cuando haya un efecto, la gente pueda excederse en su uso y perjudicar sus huesos en lugar de mejorarlos.

Algunas respuestas pueden provenir del tribunal clínico federal que incluye a 200 ancianos que viven del asistencialismo. Está dirigido por el doctor Douglas P. Kiel, investigador en osteoporosis y director de investigación médica del Instituto de Investigación del Envejecimiento de Harvard. El trabajo con animales le dio esperanzas que las plataformas vibradoras puedan tener efecto sobre los huesos de los humanos.

"Este trabajo es fascinante y muy legítimo" aseguró el doctor Kiel. Pero luego el doctor Rubin informó que los ratones además habían perdido grasas lo que llevó a planes para observar si también había habido cambios en la grasa corporal.

Rubin afirma que decidió observar si las vibraciones afectan a la grasa porque él sabe lo que sucede con la edad: la médula ósea se llena con grasa. En la osteoporosis, los huesos no sólo se adelgazan, sino que su textura se vuelve menos densa, y dentro de los poros que se forman hay grasa. Hace unos pocos años atrás, los científicos descubrieron una célula madre en la médula ósea que puede convertirse en grasa o en hueso, dependiendo de las señales que recibiera.

Nadie sabe porqué hay grasa en la médula ósea, es posible que provea energía a las células óseas que ya no funcionan, sugiere el doctor Clifford J. Rosen, director del Maine Center para la Investigación y el Estudio de la Osteoporosis. Y nadie sabe si las células grasas humanas alguna vez dejan la médula ósea para trasladarse a otro lugar.

Pero Rubin tuvo una idea. "Pensamos, esperemos un segundo –dijo–. Si estamos estimulando mecánicamente a las células para formar hueso, ¿qué es lo que no está pasando? Pensamos que quizás estas células óseas madres están conduciendo a un camino de decisión. Puede ser que no se conviertan en células grasas."

Visitó a Jeffrey E. Pessin, experto en diabetes en Stony Brook y presentó su hipótesis. El doctor Pessin rió ruidosamente. "Casi me echó de su consultorio", expresó Rubin. Pero cuando Rubin decidió continuar de todas maneras, Pessin se le unió. Su esperanza era ver un pequeño efecto sobre la grasa corporal luego que los ratones estuvieron en las plataformas durante 15 minutos por día, 5 días por semana, durante 15 semanas. Rubin estaba asombrado de obtener un 27% de reducción.

Algunos investigadores en obesidad, sin embargo, afirman que puede haber otras razones para que los ratones perdieran grasa.

Quemar calorías

"Es un estudio muy interesante", afirmó Claude Bouchard, investigador en obesidad que es director del Centro Pennington para Investigación Biomédica en la Universidad Estatal de Louisiana. Pero se pregunta si los ratones estaban o no, simplemente quemando más calorías cuando fueron puestos en la plataforma.

"Me parece–manifestó el doctor Bouchard–, que si yo fuera puesto como un ratón en una plataforma que vibrara 90 veces por minuto, trataría de aferrarme a la superficie para no ser lanzado fuera. Probablemente tensaría mis piernas un poco. Eso significa gasto de energía." El estrés puede ser otro factor, agregó. El estar parados sobre una plataforma puede haber asustado a los ratones y podrían haberse puesto muy nerviosos.

El doctor Rudolf L. Leibel, investigador en obesidad, codirector del Centro de Diabetes Naomi Berrie, de la Universidad de Columbia, tiene cuestionamientos similares. Una plataforma que a un humano le parece que apenas vibra, un ratón la puede sentir como si fuera un terremoto. El doctor Leibel agregó: "Podrían haber estado terriblemente asustados", lo que puede afectar los datos del estudio.

También cuestionó la idea de que las células precursoras de la médula ósea podrían convertirse en células grasas en el resto del cuerpo, y llamó a esto "una noción controvertida y diría que incorrecta". Si los ratones en la plataforma adelgazan y si comen tanto como los que no están en ella (como informó Rubin) deben quemar más calorías, dijo el doctor Leibel.

Otros tienen más esperanzas. "Esto es muy interesante", aseguró el doctor John B. Buse, investigador en diabetes de la Universidad de Carolina del Norte, que es presidente de ciencia y medicina en la Asociación Norteamericana de Diabetes. Si resulta que se puede aplicar también a la gente, sería grandioso para la diabetes, agregó. Destacó que las personas con diabetes de tipo 2 tienen la posibilidad no sólo de tener sobrepeso sino también, problemas con sus huesos.

Sin embargo el doctor Buse espera estudios más definitivos en humanos. "Es casi demasiado bueno para ser verdad", concluyó.

En la foto, comparación de un hueso tratado 20 minutos al día durante un año con vibraciones, con un hueso no tratado de la misma edad.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Neuronas en tecnicolor



Logran imágenes sin precedente del sistema nervioso
"Pintan" células individuales en 90 tonos
Jueves 1 de noviembre de 2007


CAMBRIDGE, Estados Unidos.- Santiago Ramón y Cajal revolucionó la neurobiología cuando usó la tintura de Golgi para "etiquetar" pequeños números de neuronas y así identificar los elementos celulares de los circuitos neurológicos. Sin embargo, el pequeño número de elementos que se pudo estudiar fue también una limitación, porque no permitió reunir información sobre la divergencia o convergencia de las redes sinápticas.

En la actualidad, los investigadores intentan trazar mapas de conexiones en los que se registren múltiples o incluso todas las conexiones sinápticas. Un trabajo que hoy se publica en Nature parece haber dado un paso crucial en esa dirección: Jean Livet, Joshua R. Sanes, y Jeff W. Lichtman, de la Universidad de Harvard, lograron "teñir" neuronas individuales de 90 colores diferentes.

Al activar múltiples proteínas fluorescentes que se encuentran dentro de las células nerviosas, los científicos pudieron obtener imágenes sin precedente del sistema nervioso. A la técnica, que permite obtener un cuadro multicolor a partir de tejido nervioso, le pusieron el nombre de Brainbow (juego de palabras en inglés entre brain , ´cerebro , y rainbow , ´arco iris ).

"Del mismo modo en que un monitor de televisión mezcla el rojo, el verde y el azul para obtener un amplio abanico de colores, la combinación de tres o más proteínas fluorescentes puede generar múltiples tonos -dijo Lichtman, profesor del Departamento de Biología Molecular y Celular del Centro de Ciencias del Cerebro de Harvard-. Hay pocas herramientas que los neurocientíficos pueden utilizar para descifrar el diagrama de conexiones del sistema nervioso; Brainbow debería ayudarnos a cartografiar mucho mejor la compleja red de neuronas que lo compone."

Las imágenes resultantes, que parecen creaciones de pintores en parte puntillistas, en parte fauvistas y en parte expresionistas abstractos, podrían ayudar a los científicos a identificar también cómo se altera el "cableado" cerebral en muchas enfermedades y a seguir los pasos del complicado desarrollo del sistema nervioso de los mamíferos, que actualmente se entiende sólo en líneas generales. Esto, a su vez, podría echar luz sobre los orígenes de muchos trastornos cerebrales que aparecen precozmente.










Brainbow utiliza de manera original un sistema de recombinación genética bien conocido para mezclar genes que sintetizan proteínas fluorescentes amarillas, verdes, anaranjadas y rojas. El resultado asigna diferentes colores a las neuronas individuales, lo que permite distinguirlas claramente bajo el microscopio confocal.

Livet, Sanes, Lichtman y colegas están utilizando el sistema Brainbow para internarse en el sistema nervioso en busca de nuevas claves sobre su organización y función. "Por ahora, sin embargo, sólo estamos arañando la superficie", dice Sanes.