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martes, 29 de abril de 2008

No hay mayor mentira que la muerte




No hay mayor mentira que la muerte

Cuando el hombre ha conocido algo, se libera de ello. Y cuando el hombre ha llegado a conocer algo, es capaz de triunfar sobre ello. Nuestro fracaso y nuestra derrota sólo se deben a nuestra ignorancia. La derrota se debe a la oscuridad: cuando hay luz, la derrota es imposible: la luz se convierte en victoria.

Lo primero que quisiera decirles de la muerte es que no hay mayor mentira que la muerte. Pero, con todo, la muerte parece verdadera. No sólo parece verdadera, sino que parece, incluso, que es la verdad cardinal de la vida: parece que toda la vida está ordenada por la muerte. Aunque la olvidemos, o aunque no la tengamos en cuenta, la muerte sigue estando cerca de nosotros por todas partes. La muerte está aun más cerca de nosotros que nuestra sombra.

Hemos estructurado nuestras mismas vidas a partir de nuestro miedo a la muerte. El miedo a la muerte ha creado la sociedad, la nación, la familia y los amigos. El miedo a la muerte nos ha hecho perseguir el dinero y nos ha hecho ambicionar posiciones sociales más elevadas. Y lo más sorprendente es que nuestros dioses y nuestros templos también han surgido del miedo a la muerte. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan de rodillas. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan a Dios con las manos unidas y elevadas hacia el cielo. Y nada más falso que la muerte. Por eso, cualquier sistema de vida que hayamos creado creyendo que la muerte es verdadera se ha convertido en falso.

Osho

domingo, 23 de marzo de 2008

Resurrección: revertir el proceso de la muerte

Continuando con la investigación previa acerca del fenómeno de la resurrección, encontré un artículo que puede echar luz sobre los avances en el tema...

Deinococcus, levántate y anda

Por Mori Ponsowy Para LA NACION (Editado por Zhoram)

Hace algunas semanas, los grandes diarios del mundo difundieron la noticia de que Miroslav Radman, un biólogo franco-croata, logró comprender el proceso de resurrección de Deinococcus radiodurans, una bacteria que aun después de muerta es capaz de volver a la vida en pocas horas. Ante la pregunta de Luisa Corradini, de LA NACION, sobre si en el futuro sería posible hacer esto con todos los genes, Radman contestó: “Si es posible hacerlo con un solo organismo vivo, que tiene el mismo tipo de proteínas y de ADN, tiene que ser posible con todos los demás”.

Ya en la década del 70 nació el Movimiento Inmortalista, en los Estados Unidos. “Creemos que la muerte es una imposición que se le hace a la vida, un contratiempo que puede y debe ser eliminado mediante la tecnología”, dicen.

De la mano de ese movimiento nació Alcor, la empresa líder en investigación sobre criogenia. Es la empresa que mantiene en envases de aluminio, sumergidos cabeza abajo en nitrógeno líquido, a 196 grados centígrados bajo cero, los cuerpos de 74 personas clínicamente muertas, a la espera de que en el futuro sea posible su resurrección (las cifras son de agosto de este año).


La premisa clave de los inmortalistas es que la muerte no es un acontecimiento irreversible, sino un proceso que ocurre a lo largo de un período de tiempo. Cuando morimos no lo hacemos de un instante para el otro, sino paulatinamente. Y es que los datos que emplean los médicos para confirmar la muerte de un ser humano varían según los avances del conocimiento científico, de manera que cuán muerta esté una persona depende de cuán ignorante –o avanzada– sea la tecnología disponible. Una idea similar a ésta es la que se desprende del reciente descubrimiento de Radman.







Imagen del deinococcus, la bacteria que resucita





Hasta la década del 50, antes de que existiera la resucitación cardiovascular, la medicina consideraba muerta a toda persona cuyo corazón hubiera dejado de latir. Sin embargo, con los avances de la tecnología y la invención del electroshock, las cosas cambiaron de tal manera que hombres y mujeres que poco tiempo atrás hubieran sido considerados cadáveres de la noche a la mañana dejaron de serlo. El desarrollo tecnológico permitió revisar nuestra definición de la muerte.

Lo que había cambiado era la idea que los médicos tenían de la muerte, no la situación del paciente.

Los inmortalistas sostienen que carece de sentido considerar nuestra inhabilidad para resucitar a un ser humano prueba concluyente de su muerte y, menos aún, como argumento de que resucitarlo sea imposible en el futuro. El corazón puede haber dejado de latir; los pulmones, de respirar, pero la información genética de las células, la estructura del cerebro, el amor que una vez sentimos, los recuerdos almacenados en las neuronas durante toda una vida siguen ahí intactos por un tiempo, aun después de que hayan cesado las funciones vitales esenciales. “Casi siempre, cuando los médicos certifican la muerte clínica, el paciente aún se encuentra vivo en un 99%, pues la mayor parte de sus tejidos y funciones permanecen intactos aun después de haberse detenido el corazón y los pulmones.”

No se trata de ciencia ficción. El descubrimiento de Radman también tiene que ver con las facultades regenerativas de las células después de muertas.



Highlander, cuestionando la inmortalidad



A todo esto tenemos que sumar la rapidez con la que se viene desarrollando la nanotecnología, que se especializa en la manipulación de átomos individuales mediante dispositivos computarizados infinitamente pequeños.

Las expectativas generadas por la nanotecnología son enormes. Para comprenderlo, baste notar que, a lo largo de su historia, todos los objetos fabricados por el hombre han sido manufacturados mediante la manipulación de millones de átomos a la vez. Es como si hubiéramos estado construyendo el mundo que nos rodea con piezas de Lego.

La tecnología molecular, en cambio, permitirá construir cosas (computadoras, automóviles, pizzas, árboles, corazones) manipulando átomo por átomo y colocando cada uno de ellos en el lugar requerido para producir la estructura deseada.

Así, podremos reestructurar los átomos del carbón para obtener diamantes, o los de la tierra y el agua para obtener arroz.

El avance en la tecnología molecular es indispensable para la eventual resucitación de las personas que hoy permanecen en estado de suspensión criogénica. Permitiría reparar el daño causado por el congelamiento y revertir las alteraciones específicas causadas por la enfermedad.

Por utópico que todo esto pueda sonar, hay investigadores que sostienen que el día de la inmortalidad no está tan lejos como parece.

Robert A. Freitas, del Institute for Molecular Manufacturing, en Palo Alto, California, autor de Nanomedicina, supone que los primeros intentos de resucitación criogénica podrían ocurrir entre 2040 y 2050.

El hombre ha vivido tantos milenios siendo mortal que es irrelevante si para conquistar la vida eterna debe esperar cuarenta años o un par de siglos.

Lo verdaderamente importante es que gran parte de la comunidad científica admita que la vejez es una enfermedad curable que podrá prevenirse y que llegará el día en que podamos vivir indefinidamente.


Quizá vencer a la muerte sea más sencillo de lo que pensamos.

Flight from Death. Un trailer del documental que explora la muerte y nuestra relación con ella.

sábado, 22 de marzo de 2008

Resucitar: pasar de la muerte a la vida


Antiguo testamento

Elías resucita a un niño.
Eliseo sucesor de Elías también resucita a un niño.
Una persona, que en contacto con los huesos de Eliseo, recobra la vida.
El profeta Ezequiel, por mandato de Yahaveh, profetiza sobre gran cantidad de huesos esparcidos en un campo y éstos se transforman en un ejército grande en extremo. (Ezequiel 37:10)

Nuevo Testamento

Jesús resucita al hijo de una viuda en Naín.
Jesús resucita a la hija de Jairo.
Jesús resucita a Lázaro.
Jesús, después de morir, resucita al tercer día.
Pedro resucita a Dorcas (Tabita).
Pablo resucita al joven Eutico


Resurrección de Lazaro






La muerte y la resurrección




La sábana del resucitado





La bacteria resucitada


Parece que la resurrección es un fenómeno común en la naturaleza

Descubren cómo una bacteria muerta logra volver a vivir

PARIS.– La ciencia acaba de descifrar un mecanismo de resucitación que abre un escenario científico extraordinario. El autor de este hallazgo es el biólogo franco-croata Miroslav Radman, de 62 años, que logró comprender el proceso de “resurrección” de Deinococcus radiodurans, una bacteria que aun después de muerta es capaz de volver a la vida en pocas horas.

Esa asombrosa capacidad le permite resistir en condiciones extremas y hasta sobrevivir a un nivel de radiación mortal para 5000 hombres. Después de ese tratamiento, que hace estallar sus cromosomas en centenares de fragmentos, la bacteria es capaz de reparar su patrimonio genético para volver a la vida.

El hallazgo abre perspectivas tan interesantes para la ciencia que la revista Nature le dedicó gran espacio al descubrimiento de Radman y su equipo de cuatro científicos de la Unidad 571 del Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica (Inserm), de Francia. Ese interés se explica por las posibilidades que abre a la medicina regenerativa. Para el científico podría ser el primer paso en el terreno de la reconstitución neuronal y cardíaca. Pero de allí en más, todo sería posible. Hasta la vida eterna.


LA NACION dialogó telefónicamente con Radman, en la actualidad en la ciudad croata de Split, donde acaba de fundar el Instituto Mediterráneo para las Ciencias de la Vida ( www.medils.hr ). Su idea es reunir a jóvenes investigadores "a fin de generar una ciencia original e innovadora y donde puedan trabajar en plena libertad".

-La bacteria fue descubierta en 1956 y, desde entonces, científicos de todo el mundo trataron de descubrir sus mecanismos de resucitación. ¿Cuáles son sus características?

- Deinococcus radiodurans es una bacteria anodina. Está en todas partes y no es patológica, de modo que no hay que tenerle miedo. Algunas especies se encuentran sobre todo en los desiertos y sobre las piedras. Ese tipo en particular desarrolló una robustez mayor que la velocidad de su crecimiento. Contrariamente a muchas otras bacterias, Deinococcus es un organismo que se divide lentamente y que optó por sobrevivir donde los demás organismos no pueden hacerlo.

-¿Es la única bacteria con esas características?

-Hamilton Smith, premio Nobel de Fisiología 1978, trabaja desde hace años sobre otra bacteria parecida, una termófila, que vive en agua hirviendo y que no se daña porque sabe protegerse de esa agresión. Pero Deinococcus no sabe hacerlo y la radiación o la sequedad la afectan como a cualquier otro organismo y la matan. Pero ella es capaz de resucitar.

-¿Y cómo hace?

-Todo sucede en el nivel de los genes. Se trata de un sistema de reparación en dos etapas totalmente desconocido hasta hoy. La primera consiste en reunir en el orden correcto todos los fragmentos en una cadena lineal, que serán utilizados como modelo para iniciar la síntesis de ADN. La segunda etapa de recombinación genética consiste en reconstituir los cromosomas circulares de la célula por crossing over (transferencia de un gen o factor de un cromosoma a otro). Una vez que se restaura el genoma en forma idéntica, la síntesis de proteínas es nuevamente operacional: la célula vuelve a estar viva cuando podía considerarse clínicamente muerta.

-En otras palabras, mientras es posible reconstruir el genoma, es posible recomenzar la vida.

-Exactamente. Cuando el genoma está intacto, es posible volver a fabricar nuevas proteínas, lípidos, membranas Es posible rejuvenecer la célula con nuevas síntesis de ADN. Pero, claro, hay que saber hacerlo.

-¿Es posible intentar ese proceso con organismos más complejos que una bacteria ?

-Con Matthew Meselson, que fue mi profesor en Harvard y descubrió la forma en que se duplica el ADN, haremos una investigación en ese sentido. El trabaja sobre los rotíferos, son unos animalitos microscópicos que viven en los charcos de agua. Una vez que ese charco se seca, ellos también se secan. Meses después, cuando, en otoño, llega la lluvia, se rehidratan y reviven. El proceso es muy parecido al de nuestra bacteria. Pero éste es un organismo de la familia de las células eucariotas, que se reproducen sexualmente y también asexualmente, según la especie. También hay plantas, como ciertos tipos de musgos, que se secan durante meses y reviven cuando vuelven a estar en contacto con el agua. Con Meselson vamos a estudiar si esos animales y esas plantas tienen el mismo mecanismo de resurrección. Los rotíferos también son extremadamente resistentes a la radiación.

-Para usted, la primera aplicación de su descubrimiento -que ya fue patentado- podría ser la resurrección de las neuronas. ¿Por qué las neuronas?

-Porque Deinococcus , que se deshidrata en el desierto, es el paradigma de nuestras neuronas. Por suerte son robustas, pero después de una cierta edad se mueren por culpa de los accidentes vasculares, por la falta de oxígeno o por otras razones. Por eso decimos que la muerte irreversible de una célula se produce en el nivel de los genes. Si podemos reconstituir los genes, podemos evitar la muerte.

-Naturalmente, la pregunta fundamental es saber si es posible hacerlo con todos los genes.

-Si es posible hacerlo con un solo organismo vivo, que tiene el mismo tipo de proteínas y de ADN, tiene que ser posible con todos los demás. Hasta ahora no se podía decir gran cosa porque no sabíamos cómo se realizaba ese proceso. Hoy la respuesta es: sí, es posible.

-¿Y es factible?

-¿Por qué no? Quizás en cinco, 10 o 20 años.

-Deinococcus resucita. Pero ¿no se muere nunca?

-Sí. Si recibe una dosis extremadamente alta de radiación, su ADN no lo resiste. Se puede ir hasta 1 o 2 millones de rads y, en esos casos, se seca rápidamente. Si los fragmentos en que estallan los cromosomas son demasiado pequeños, no se pueden recuperar. En esos casos, es imposible reconstituir el genoma entero y la bacteria no puede resucitar. Esto quiere decir que no hay nada que pueda resistir a todo.

-Pero podría vivir eternamente si no fuera sometida a una agresión desproporcionada.

-Exactamente. Siempre digo que Deinococcus sería la mejor candidata para ir a poblar aquellos planetas deshabitados con características similares al nuestro. Hay científicos que piensan que la vida en la Tierra fue iniciada por bacterias venidas de otras civilizaciones.

-¿Y usted continuará trabajando sobre Deinococcus ?

-Sí, y lo haré sobre todo en nuestro nuevo Instituto de Investigaciones de Split. Allí invitaremos a los grandes especialistas que estudian en los laboratorios la vida y la muerte de los tejidos neuronales. Con ellos trataremos de montar proyectos multidisciplinarios que permitan aplicar nuestros conocimientos al estudio de las neuronas.

-¿Podríamos decir que usted acaba de fundar un instituto que trabajará para la resurrección humana?

-En broma, suelo decir que pediremos financiación al Vaticano para trabajar sobre la base molecular de la resurrección. Si Roma nos da el dinero, habremos ganado.

Por Luisa Corradini
Para LA NACION