jueves, 20 de marzo de 2008

Paro Agrario: la voz de los callados

Una rebelión que surge del interior profundo
Por Cristian Mira
De la Redacción de LA NACION


Aunque se niegue a reconocerlo, el Gobierno tiene un serio problema social y político con la rebelión de los productores agropecuarios, que prácticamente ha aislado el interior por los más de 300 cortes de rutas que ni los propios dirigentes rurales pueden controlar.

No se trata de la “oligarquía vacuna” o de “los reyes de la soja”, como imaginan algunos funcionarios y aliados del oficialismo, que expresan su descontento. Son agricultores y ganaderos pequeños y medianos, a los que se les suman comerciantes, industriales, pobladores comunes e intendentes y concejales que se animan a desafiar, como nadie lo había hecho hasta ahora, una decisión de la Casa Rosada.

Es la “burguesía nacional” del interior, para decirlo en el lenguaje de otros tiempos, la que le está diciendo al Gobierno que no se puede apropiar cuándo quiere y cómo quiere de la riqueza que generan con su trabajo y su inversión. Es la rebelión del interior profundo.

Cada vez más municipios de Santa Fe, Córdoba o Buenos Aires calculan cuánto se lleva el Estado nacional en concepto de retenciones y cuál es el presupuesto que les queda a las intendencias. Por ejemplo, Salliqueló, en el oeste bonaerense, en febrero pasado aportó en concepto de retenciones a los granos y la carne aproximadamente 156 millones de pesos. Con ese dinero, estimó la Asociación Rural local, se podrían haber asfaltado 1658 cuadras, haber comprado 313 motoniveladoras y creado 6530 puestos de trabajo en un año. Además, la municipalidad se hubiera asegurado su presupuesto por 14 años.

Beneficios para otros

El paro del campo es el efecto de la gota que rebasó el vaso luego de casi tres años de constantes intervenciones del Gobierno en los mercados de la carne, la leche y los granos. Los productores están convencidos de que los beneficiados fueron algunas industrias, los exportadores o la cadena comercial. Y, para peor, los consumidores no reciben los alimentos baratos.

Del otro lado, el Gobierno sólo se dedica a descalificar al campo y se niega a revisar una medida (las retenciones móviles) que tiene una solidez técnica endeble, según advierten los especialistas, ya que obliga a vender los granos en el momento de la cosecha, es decir, cuando los precios son más bajos porque el volumen es mayor.

El ministro de Economía, Martín Lousteau, sostiene que quiere "discutir para adelante", como si él no representara la continuidad de la ausencia de política agropecuaria que comenzó con Roberto Lavagna y siguió con Felisa Miceli y Miguel Peirano en esa cartera. Ninguno de ellos le dio la importancia que se merece a una actividad que genera más del 50% de las divisas por exportaciones de bienes. "Tienen dólar alto y gasoil barato", repetían. Ahora, por la suba de retenciones, el tipo de cambio es más bajo que con el uno a uno, mientras el combustible es cada vez más difícil de conseguir.

El otro andarivel de riesgo que transita el Gobierno es el que comenzaron a transitar sus fuerzas de choque. Luis D Elía hará un piquete en la sede de la Sociedad Rural Argentina la próxima semana. Se olvidó de que una de las entidades más activas en el paro es la Federación Agraria Argentina, a cuyo presidente, Eduardo Buzzi, le pidió ayuda tiempo atrás para exportar trigo a Irán. El otro ariete es el jefe de la CGT, Hugo Moyano, que también amenazó con movilizaciones. El líder camionero no registra que sus representados también forman parte de la cadena agroindustrial, ya que son los responsables de cargar casi el 90% de la cosecha.

Mientras tanto, los ruralistas no quieren que el Gobierno dé marcha atrás para obtener una victoria política. Sólo piden un poco de cordura y volver a dialogar en serio.

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