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lunes, 30 de marzo de 2009

Foro del Bicentenario argentino

Acuerdo del Bicentenario, propuesto por un grupo de intelectuales argentinos reunidos en el for.


Mayo 21, 2008



El 25 de mayo de 1810 un grupo de patriotas proclamó su voluntad de convertir el Virreinato del Río de la Plata en una tierra de libertad, igualdad, ilustración y progreso.

Actualmente todos los argentinos, sea cual fuere su preferencia ideológica, sentimos pertenecer a una misma nación.

En el curso de casi doscientos años de agitada historia este sentido de identidad se afianzó entre nosotros. Éste es un logro gigantesco que debemos vigorizar.

Nuestra meta es consensuar un acuerdo que proyecte la república democrática recuperada en 1983 hacia un horizonte con mejores instituciones, más libertad, progreso económico y realización personal para todos los habitantes del suelo argentino.

Estos objetivos pueden parecer demasiado obvios. No lo son. Resumen valores que los argentinos sentimos y que no siempre han podido concretarse.

Este Foro propone el siguiente Acuerdo del Bicentenario al que invitamos a adherir.

Acuerdo del Bicentenario

PROPONEMOS:

1. Vivir reconciliados en un proyecto común de coexistencia política. Respetar plenamente la Constitución Nacional y el estado de derecho, tanto por gobernados como por gobernantes. Rechazar todo proyecto hegemónico que de preponderancia al interés particular por sobre el interés general. Desechar el sectarismo y la intolerancia.

2. El Estado debe ser administrado con decencia y en función del bien común. Debe brindar información confiable y ser eficiente en sus prestaciones. Debe ser profesional y transparente, con funcionarios que ingresen por concurso y sean promovidos según sus méritos.

3. Asegurar que los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial ejerzan su independencia e interactúen de acuerdo a lo establecido por la Constitución. Los órganos de control deben cumplir sus responsabilidades sin condicionamientos. Asegurar la plena libertad de prensa, el amplio debate público sobre los temas de interés general y que todos los argentinos puedan expresar sus opiniones sin temor.

4. Asegurar, a través de órganos independientes, el control de la igualdad de oportunidades en las elecciones. Fortalecer los partidos políticos. Regular en forma ecuánime la distribución de los recursos del Estado. Garantizar la neutralidad del Estado en el proceso electoral. Rechazar como indigna la manipulación de la pobreza con fines electorales.

5. Reducir la pobreza y la exclusión con medidas profundas, que estimulen la creación de trabajo y generen oportunidades de ascenso social.

Asumimos que la inclusión social sea un objetivo compartido por nuestra sociedad en su conjunto.





6. Avanzar hacia una comunidad segura, libre de amenazas, respetuosa con el prójimo. Enseñar a obedecer la ley. Combatir la delincuencia. Garantizar a todos los habitantes sus derechos.

7. Elevar la calidad de vida, proteger la salud, defender y promover nuestro patrimonio cultural y natural, y preservar el medio ambiente. Restablecer, para todos los argentinos que hayan aportado al sistema de previsión social, una jubilación que garantice los derechos adquiridos.

8. Sostener un sistema educativo orientado hacia la excelencia y la integración social. Valorar el conocimiento, la tecnología y la ciencia. Más escuelas, más horas de clase, docentes bien pagos y mejor entrenados, con autoridad intelectual y moral, estrecharán los vínculos entre las esferas del trabajo, la ciudadanía y el conocimiento.

9. La economía debe ser libre e integrada al mundo. El sector privado tiene que ocuparse de producir. El Estado debe actuar con prudencia fiscal, cumplir con eficacia su defensa del consumidor, promover la competencia, regular los servicios públicos, proveer estadísticas con- fiables e incentivar las fuerzas creativas de la sociedad. Respetar la fe pública y los contratos.

10. Nuestra patria necesita recuperar su prestigio, influencia y credibilidad internacional. Sostener los principios de convivencia multilateral, y avanzar hacia la integración regional. La política internacional debe asumirse como una política de estado que interprete, sin partidismos y con el máximo consenso interior, los intereses estratégicos de la Argentina en el mundo.

Trabajaron en la redacción de este documento:


Marcos Aguinis

René Balestra

Felipe de la Balze

Rosendo Fraga

María Angélica Gelli

Mariano Grondona

Archibaldo Lanús

Félix Luna

Avelino Porto

Daniel Sabsay

María Sáenz Quesada

Horacio Sanguinetti

Marcos Aguinis, la conciencia argentina





"Lo que quiero escribir es tan fuerte y tan claro que debo escupirlo. Me acosa la furia y quisiera estar sereno."

Hay indignación en Marcos Aguinis y se nota desde la primera línea de su nuevo libro ¡Pobre Patria mía! , título con que apela al lamento final de Manuel Belgrano para expresar la congoja que le produce al autor este presente difícil e incierto de una Argentina que duele, entristece, lastima.

Con estilo ágil, eléctrico y visceral, que el propio autor identifica con el panfleto, el ensayista y psicoanalista admite que escribe desde la bronca, una bronca que se ha vuelto generalizada y casi permanente.


"Debemos hacer algo, porque la Argentina merece otro destino", reclama.

Y dispara fuertes críticas al Gobierno. Dice que "la única política de Estado que funciona es la del soborno" y que "si existieran seguridad jurídica y respeto por la propiedad la crisis económica mundial habría sido una oportunidad brillante para la Argentina".

Aguinis es autor de otros títulos también dedicados a nuestro particular devenir, como El atroz encanto de ser argentinos (I y II) y Un país de novela. Su último libro, es el resultado del coraje de atreverse a ver la dolorosa verdad de un acelerado deterioro que se profundizó en 2008.


Se muestra, así, convencido de que "los Kirchner se encaminan a un Waterloo".

-Hasta marzo de 2008, cuando se inicia el conflicto con el campo, muchos creyeron que la Argentina estaba bien encaminada. ¿Por qué todo se descompuso de manera tan abrupta?








-Hace mucho tiempo que el país cambió sus tres pilares de oro -la cultura del trabajo, del esfuerzo y la decencia- por la mendicidad, el facilismo y la corrupción. Veníamos arrastrando una creciente ola de enfrentamientos estériles, inseguridad jurídica, deterioro de las instituciones, decadencia educativa, ausencia de políticas de Estado y el dramático déficit de una mirada estratégica sobre hacia dónde encaminar a la Argentina en los próximos años. En medio de esto estalla la guerra Gobierno-campo y encuentra a la sociedad conducida por quienes no entienden que la inclusión social y equidad en la distribución del ingreso no se alcanzarán ni por asomo con intereses mezquinos, demagogia e inercia social cómplice.

-¿A qué atribuye la imposibilidad de encontrar salidas superadoras?

-La democracia argentina se ha convertido en un autocracia gobernada por una sola persona que, para colmo, no conoce lo que significa la productividad, ya que toda su vida y su flamante fortuna personal estuvieron ligadas a la especulación financiera. Bloquear la productividad del campo significa la ruina de todos los actores ligados al sector. Es algo criminal, y todo porque los Kirchner quieren sacarle al campo para distribuirlo según sus conveniencias electorales. Lo perverso de un régimen como el que tenemos ahora es que necesita de la pobreza y la ignorancia para perpetuarse.

-¿Esto no lo comprenden los legisladores que se alinean automáticamente con el Gobierno?

-Aquí la única política de Estado que funciona es la del soborno. El dinero de todos es usado para favorecer el poder de la autocracia. El autócrata que nos gobierna tiene la psicología del tirano. Generalmente los tiranos no sólo generan enormes prejuicios, sino que terminan autodestruyéndose. Sólo así podemos entender que Kirchner se deje llevar por un capricho enceguecedor que le impide encontrar soluciones inteligentes, viables. En ninguna democracia el oficialismo ha dejado nunca de conversar y de escuchar a la oposición.

-¿Cree que ello es factible?

-El problema es que Kirchner padece de una suerte de esclerosis psicológica que lo aísla del mundo. En cuanto a Cristina, nos vendió una imagen falsa, de independencia, de capacidad, de vuelo propio. Pero no existe tal cosa. Es totalmente dependiente del marido y está atacada de anuncitis. Miente sin pudor al anunciar cosas que nunca se concretarán, como fue el caso de los hospitales y tantos otros. Sus desplantes son mezcla de soberbia, ignorancia y elementos histeroides que explican su obsesión por la apariencia y por sobreactuar sus dificultades de género. Nos hace quedar pésimo y su imagen en caída arrastra a todos los argentinos. Lo digo con total convencimiento: yo creo que los Kirchner se encaminan a un Waterloo.

-Los dirigentes surgen de la sociedad y el problema viene de arrastre. ¿Hasta dónde remontaría los orígenes de la decadencia?

-Durante muchos años la Argentina se fue infectando de populismo, de colectivismo, de pseudoprogresismo, y dejó de lado el sabio rumbo que había establecido la Constitución de 1853/60. Esa Constitución se juró cuando la Argentina era el país más desértico y miserable de toda América latina y en 50 años nos convirtió en el país más alfabetizado y culto de América latina.

-Pero después sobrevino la revolución de 1930.

-Antes del golpe de 1930 -todo golpe tiene un período de incubación- empezó el deterioro, influido por ideas estatizantes, colectivistas y finalmente totalitarias. El camino ascendente y democrático que la Argentina había empezado gracias al Acuerdo de San Nicolás y la Constitución se obstruyó hacia fines de la década de 1920. El golpe de 1930 fue la profanación extrema de la ley. Luego siguieron otros, cada vez más insolentes, y una profanación institucional incesante. Eso derivó en una confusión ideológica que hizo que la gente no supiera hacia dónde orientarse ni a quién apoyar.

-¿Cómo se sale de esto?

-Con una larga batalla en el campo de las ideas. Mi esperanza se orienta hacia los beneficios de las paradojas. Los grandes males que este matrimonio le está infligiendo al país pueden paradójicamente generar un consenso general de que debemos unirnos en pos de algunos puntos clave: calidad institucional, independencia de los poderes, políticas educativas y sanitarias, de defensa y de seguridad.

-¿Eso es posible?

-Ojalá pudiera firmarse un nuevo Acuerdo de San Nicolás, una suerte de pacto de honor para cumplir un consenso legislativo en temas de fondo para los dos años que faltan hasta 2011. En las próximas elecciones tenemos que apuntar a conseguir un congreso nuevo, independiente, lúcido, comprometido a restablecer la calidad institucional y efectuar los controles que una auténtica democracia debe ejercer sobre el Poder Ejecutivo. La Presidenta debe seguir hasta 2011 bajo estas nuevas condiciones, que, incluso, la ayudarían a gobernar mejor.

El personaje
MARCOS AGUINIS
Novelista y ensayista

Profesión: médico y escritor.


Edad: 74 años


Nacido en: Córdoba


Por su novela La cruz invertida ganó en 1970 el Premio Planeta de España. Aguinis es uno de los principales best sellers de la Argentina. Sus obras más importantes son Un país de novela , Refugiados. Crónica de un palestino , Elogio de la culpa , La gesta del marrano y El atroz encanto de ser argentinos , entre otras.