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jueves, 17 de enero de 2008

Breve historia de Medio Oriente

La construcción del Hogar Nacional judío empezó aproximadamente en 1880. Los pioneros sionistas, hartos de las persecuciones en Europa, decidieron desembarcar en el territorio histórico y comprar grandes extensiones de arena. Esas extensiones eran propiedad de latifundistas que vivian en Turquía. Casi no había habitante, los árabes palestinos eran poquísimos, peones semiesclavos de esos latifundios. Los pioneros judíos construyeron allí granjas colectivas, ciudades y universidades. Atraídos por las fuentes de trabajo, los árabes comenzaron a establecerse en Palestina y a habitar sus propias aldeas y barrios. Todo estaba así cuando la cosa se pone fea en Europa, y los europeos judíos intentan emigrar al Hogar Nacional. Por ese entonces, el Mufti (máxima autoridad religiosa) de Jerusalem, se hace muy amigo de Hitler y juntos diseñan la política de eliminación de los judíos en Palestina. El Mufti hace gran campaña de odio racial en el mundo árabe, y difunde por todas partes los Protocolos de los sabios de Sión. Cuando llega el momento del Holocausto, ningún país acepta emigrantes judíos, y tampoco los dejan que se refugien en Palestina para no "desequilibrar la población" . Gran Bretaña llega a bombardear barcos de refugiados que huían con destino al Hogar Nacional. Cuando la guerra termina, los países aliados se enfrentan con el desastre del Holocausto y deciden que lo mejor será habilitarles su querido hogar: Israel, a condición de que al lado de Israel se funde un país para los árabes: Palestina. Israel acepta, pero los países árabes no. Es que quieren seguir con su proyecto de echar los judíos al mar y matarlos a todos. Quieren quedarse con sus ciudades, sus granjas, sus universidades, exterminar a los judíos y repartirse el botín. LLaman a los árabes de la región al exilio, y atacan la naciente nación judía. Es la guerra de Independencia, y en lugar de resultar los judíos en harapos como estaban, masacrados y echados al mar, resultan derrotados 8 países árabes todos juntos... En 1967, 9 años después y mediando otra guerra (la del Sinaí, que tamibíén gana Israel).. se acuerdan de desempolvar a la nación árabe Palestina y fundarla, instalando población a los fines de que reinvindique su propiedad sobre TODO EL TERRITORIO, no sobre la parte Palestina... QUEREMOS TODO - DICE ARAFAT, EL SOBRINO NIETO DEL MUFTI DE JERUSALEM - USTEDES NOS ROBARON Y LO QUEREMOS TODO... Y embarcan a los palestinos en una pesadilla continua de guerras, inmolaciones, misiles, hambre y miseria, todas ellas convenientemente filmadas y fotografiadas como testimonio del sufrimiento del pobre pueblo palestino, siempre en el barro y la miseria mientras los "malditos judíos" siguen progresando... Sin importar que los líderes palestinos se forren en billetes y abulten sus cuentas suizas, el mensajes es recepcionado por una cantidad de necios occidentales que encubren su envidia por el éxito en la pretendida "defensa de los pobres"... Y así llegamos hasta hoy.

Los árabes inventan la república hereditaria

TRIBUNA: SHLOMO BEN-AMI
Los árabes inventan la república hereditaria
SHLOMO BEN-AMI 17/01/2008

El problema de la sucesión en las repúblicas árabes laicas pone de relieve las circunstancias en las que abordan la transición a una fase post-revolucionaria, porque la sucesión en los regímenes que no construyen instituciones fuertes siempre tiene el peligro de desencadenar una crisis del sistema

. Aunque la decisión de algunos de recurrir a la sucesión dinástica parece poco democrática, no carece por completo de ventajas. Se puede decir que equivale a escoger la modernización económica, el fin de la política del conflicto y, con el tiempo, un cambio político positivo.

La sucesión dinástica en las repúblicas árabes laicas no carece de ventajas

La transición no seguirá un modelo occidental ni la impondrá EE UU

Los años de autoritarismo represivo respaldado por Occidente han cortado de raíz cualquier posibilidad de desarrollo de una alternativa liberal a los regímenes árabes existentes y han convertido la celebración repentina de unas elecciones en un peligroso ejercicio de democracia islámica.

Una democracia que produce Gobiernos dirigidos por Hamás, Hezbolá o los Hermanos Musulmanes tiene que ser inevitablemente antioccidental y oponerse a un "proceso de paz" con Israel de inspiración estadounidense.

Siria ya ha intentado garantizar la continuidad del régimen mediante una sucesión hereditaria y casi monárquica, entre Hafez el Assad y su hijo Bashar.

Existen señales de que Egipto va a imitar su ejemplo y el hijo de Hosni Mubarak, Gamal, heredará el poder. En Libia, a Muammar el Gaddafi puede sucederle su hijo Seif el Islam. Estos regímenes nacionalistas laicos, salidos de revoluciones militares, no han sabido dotarse de una genuina legitimidad popular y han tenido que recurrir a las tradiciones de sucesión dinástica que practicaban los regímenes que derrocaron.

La importancia de la sucesión hereditaria en la búsqueda de la paz y la estabilidad quedó patente cuando Hafez el Assad aprobó unos gestos de buena voluntad sin precedentes con el fin de arrastrar al Gobierno israelí de Ehud Barak a un acuerdo de paz.

El Assad, un hombre viejo y enfermo, que iba a morir meses después, actuó con el deseo urgente de lograr un acuerdo que liberara a su hijo inexperto de tener que luchar por la recuperación de los Altos del Golán.

Bashar Assad se mantiene fundamentalmente leal al legado de su padre. Del mismo modo que las políticas nucleares desafiantes de Corea del Norte e Irán, la pertenencia de Bashar al "eje del mal" de la región es un llamamiento a negociar con Estados Unidos, no una invitación a la invasión, y a lograr un acuerdo con Israel, no a entrar en guerra.
En Egipto, Mubarak ha dado la espalda a la retórica de la revolución de Gamal Abdel Nasser y sus grandiosos planes estratégicos.

El punto central de su pen
samiento es la estabilidad. De ahí que no pudiera aceptar los extraños planes de Estados Unidos para promover la democracia. Pero sí estuvo más que dispuesto a encabezar el apoyo diplomático árabe a la conferencia de paz de Annapolis. Al fin y al cabo, la pasión que suscita la situación de los palestinos entre los egipcios es una fuente de inestabilidad muy peligrosa.


La sucesión de Mubarak está llevándose a cabo de una forma especialmente elaborada. La ascensión de su hijo, a diferencia de la de Bashar en vísperas de la muerte de su padre, no está nada clara. Sin embargo, al permitirle que adquiera legitimidad popular y una gran aceptación dentro del aparato político, como motor de los preparativos del partido para la era post-Mubarak, se está dando a Gamal la situación estratégica necesaria para competir a la hora de la verdad por la presidencia.


Muchos le atribuyen el mérito de haber establecido las prioridades del país y ser el motor de las reformas económicas liberales que, desde 2004, han supuesto un salto cualitativo para la economía egipcia. Es posible que, como dicen los detractores del presidente Mubarak, el titubeante proceso de democratización refleje el intento de obstaculizar a todos los posibles rivales de Gamal. Pero con el declive del nacionalismo laico y el ascenso del islamismo, el poder electoral oculto de los Hermanos Musulmanes representa una amenaza mortal para el régimen y su alianza estratégica con Occidente. Por consiguiente, el régimen se niega a correr riesgos.


Tampoco la decisión de Muammar el Gaddafi de dejar de ser un paria internacional está completamente desvinculada de su deseo de legar a su hijo un Estado que viva en paz con el mundo.

Su desastroso historial en materia de derechos humanos no ha cambiado, pero el extravagante Guía de la revolución ha dejado de coquetear con las armas de destrucción masiva y el terrorismo mundial a cambio del fin de las sanciones y la rehabilitación internacional. Gaddafi, un hombre enfermo cuyo poder se enfrenta a adversarios islamistas en su propio país, ha decidido que el ostracismo internacional y los problemas internos eran una combinación demasiado explosiva para su hijo, un playboy malcriado.

Argelia es un caso especialmente difícil. El presidente Abdulaziz Buteflika debe idear todavía una sucesión que acabe con la guerra civil en su país. La democracia plena podría desembocar en una victoria de los islamistas, como sucedió en 1991.

La transición a la democracia en los viejos regímenes árabes revolucionarios no seguirá un modelo occidental, ni pueden imponerla los F-16 estadounidenses. Pero, como quizá indican países como Egipto, Siria y Libia, la sucesión hereditaria no es un paso intrínsecamente reaccionario.

Al contrario, significa escoger una transición controlada a una fase post-revolucionaria en la que la modernización económica y la integración internacional tal vez anuncien un cambio político más amplio en el futuro.

Shlomo Ben-Ami, antiguo ministro de Exteriores de Israel, es vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © Project Syndicate, 2008.

domingo, 30 de diciembre de 2007

El Jihad (5) La protesta del musulmán contra el Islam jihadista

En las secciones precedentes he descrito el fenómeno del jihad moderno y sus raíces islámicas tempranas. Es ahora necesario presentar los límites de su poder e influencia.


El terrorismo islamista ha ganado simpatía en el mundo musulmán, pero la llamada de los islamistas por un jihad universal tuvo sólo un limitado éxito.

Las organizaciones islámicas extremistas son todas clandestinas, y los regímenes árabes, en el interés de la auto-preservación, los combaten de varias maneras - incluyendo algunos intentos por ilegitimizarlos desde el punto de vista religioso islámico.

Los medios de comunicación árabe egipcios y sauditas publican abundante información sobre la lucha de los clérigos oficialmente ordenados contra los grupos islámicos extremistas. La llamada de bin Laden para un jihad que abarque todo ha claramente fracasado en mover al mundo musulmán en su totalidad.

De hecho, incluso algunos de los movimientos extremistas tales como la Hermandad Musulmana en Egipto no subscriben la idea de un jihad global emprendido aquí y ahora, y contra todos los infieles, dentro y fuera. [26] El 1 de octubre del 2007, el Mufti saudita Jeque Abd Al-'Aziz bin Abdallah Aal Al-Sheikh emitió un fatwa que prohíbe a la juventud saudita comprometerse en un jihad en el extranjero. El fatwa declaró que prepararse para emprender el jihad sin la autorización del gobernante es una seria trasgresión, y que los jóvenes saudíes que lo hace están siendo mal encaminados por elementos dudosos de Oriente y Occidente que se están aprovechando de ellos para lograr sus propios objetivos, y quiénes están causando verdaderamente un serio daño a Arabia Saudita, al Islam y a los musulmanes. [27] Este fatwa es un claro ejemplo de la lucha ideológica llevada a cabo por las autoridades sauditas y un grupo de estudiosos religiosos wahhabi contra la propaganda jihadista.


Además de la lucha de las autoridades contra esta propaganda, existe una continua lucha ideológica por los círculos educados contra el extremismo en el Islam en general, y contra el jihad con su cultura de muerte en particular. Los pensadores musulmanes y escritores que se esfuerzan por una reforma social y cultural en sus países están llamando a abandonar la ideología del jihad y desistir de fomentar el odio hacia otras religiones y culturas. Algunos de estos escritores reformistas tienen un punto de vista del mundo claramente secular, tales como el filósofo sirio Sadiq Al-'Azam, o la psiquiatra y escritora árabe-americana Wafa Sultan. La mayoría de los pensadores reformistas activos, sin embargo, no siguen una doctrina abiertamente secular pero llaman por los ajustes del Islam para que se adapte a la vida moderna de hoy día.





El historiador de origen jordano Dr. Shaker Al-Nabulsi, quién reside en los Estados Unidos; el director-general saudita de Al-Arabiya Tv y el ex jefe de redacción de Al-Sharq Al-Awsat 'Abd Al-Rahman Al-Rashed; el intelectual egipcio Sayyed Al-Qimni; el Profesor de Psicología en la Universidad Al-Zaytouna en Túnez Iqbal Al-Gharbi; el poeta tunecino y activista de derechos civiles Basit bin Hassan; Ahmad Al-Baghdadi, Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Kuwait; el periodista sirio Nidhal Na'isa; el ex decano de Leyes Islámicas en la Universidad de Qatar Dr. 'Abd Al-Hamid Al-Ansari; y el dramaturgo egipcio 'Ali Salem son sólo algunas de las figuras prominentes en la lucha ideológica contra la cultura jihadista. [28]


Esta lucha ideológica - así sea combatida por los clérigos oficiales o por escritores y otros círculos independientes - no es un asunto simple, porque el jihad es un deber religioso, y la reverencia para los mártires del jihad (el shuhada de la primera generación del Islam - al-salaf al-salih) es compartido por todos los musulmanes. Esto hace que la lucha ideológica contra los islamistas que evoca la autoridad de "los antepasados piadosos" sea más difícil.

Los regímenes árabes enfrentan una contradicción ideológica inherente: Por una parte, sus fuerzas de seguridad batallan a las organizaciones jihadistas, mientras por la otra, las escuelas financiadas por el estado y las mezquitas continúan diseminando la idea del jihad por la causa de Alá. El conflicto dentro del Islam sobre el tema del jihad es esencialmente un conflicto sobre el camino que las sociedades musulmanas deben seguir - o el aislamiento hostil y una guerra vis-à-vis con todo lo no-musulmán, o la integración al mundo moderno.

Autor: Menahem Milson es profesor eméritus de Literatura Árabe en la Universidad Hebrea de Jerusalén y consejero académico de MEMRI.

Consultar las notas al pie en http://memri.org/bin/espanol/articulos.cgi?Page=archives&Area=ia&ID=IA41107