domingo, 30 de agosto de 2009

Las razones del Negacionismo

Un excelente análisis de
  
Luis Marín, Abogado y politólogo venezolano. Graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV), Caracas, en 1981. Profesor de la UCV (1988-1998) / E-mail: lumarinre@gmail.com


Uno de los aspectos más desconcertantes de la ideología de los nacionalsocialistas, es que niegan sistemáticamente lo que están haciendo. Esta conducta produce una fractura en la realidad que genera desconcierto en las personas normales.

La raíz del negacionismo se encuentra en la conducta habitual del hampa. Los delincuentes han aprendido que la actitud más conveniente ante las autoridades es negarlo todo, mucho antes de que ningún abogado malicioso se los hubiera sugerido. Es anonadante presenciar cómo un hampón niega impávidamente el delito en que ha sido sorprendido in fraganti, a costa de cualquier consecuencia, que en todo caso considera menos mala que confesar el crimen.

Que los delincuentes mientan es algo con lo que todas las sociedades se han acostumbrado a vivir; el verdadero problema aparece cuando los que mienten son los funcionarios al más alto nivel, porque las acciones oficiales están amparadas por una presunción de veracidad. ¿Qué puede pasar cuando esa presunción se quebranta al punto de convertirse en su contrario, de manera que basta que lo diga el gobierno para que la gente asuma que es mentira?

Como se sabe, el nacionalsocialismo elevó al hampa al rango de agentes oficiales, brazos ejecutores del partido, la milicia y finalmente del Estado. Pero no sólo eso: adoptó la mentalidad y la conducta del hampa como la única apropiada para enfrentar la realidad que les tocó vivir, de crisis económica y moral, que obligaba a dejar los principios debajo de la alfombra para poder sobrevivir en un mundo feroz.

El cinismo, el descaro, la desfachatez es la actitud con que el marginal empoderado desafía a la llamada gente decente, que desdeña por su "hipocresía", por su falta de valor para asumir su maldad. No es que, en el fondo, todos seamos iguales, sino que ellos son mejores porque son sinceros. Descubrieron la trampa de una sociedad vil y actúan abiertamente, sin tapujos.

Como consideran que la democracia es una farsa de los ricos para engañar a los pobres, terminan convirtiéndola efectivamente en una farsa; como el derecho es la superestructura de un sistema de dominación de clases y la justicia una fachada encubridora, terminan convirtiéndolos en una charada payasesca.

La idea de que "la historia la hacen los pueblos" conduce a la convicción de que la historia puede inventarse a la medida de los vencedores y lo único que importa es tener el poder suficiente para imponer la versión oficial, por disparatada que sea.

Todo crimen puede ser negado, la historia acomodada y reescrita, nada es cierto en términos objetivos, entonces, la verdad oficial es tan mentira como las del enemigo, sólo que respaldadas por la hegemonía comunicacional del régimen.

En el reciente caso de la Sinagoga de Caracas, dejaron las mismas pintas que cubren a RCTV y Globovisión, la Nunciatura Apostólica y el Palacio Arzobispal, la Alcaldía Mayor de Caracas y pare usted de contar, no obstante, el aparato comunicacional del gobierno denuncia a los judíos de haberse profanado a sí mismos y la llamada Fiscalía General de la República imputa como acusados ¡a los vigilantes de la Sinagoga!

En todos los libros sagrados se condena al que levanta falso testimonio, porque de siempre se ha sabido por donde asoma el Mal sus cabezas.

La sociedad en que se entroniza la injusticia, la mentira, el odio y la muerte, marcha hacia su propia destrucción y todos pagaremos por igual. Así está escrito, precisamente, por los sabios de Israel. 

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